Mi opinión sobre la IA en Substack y lo que haré al respecto con mi propia escritura
Textos generados con IA, reacciones a la implementación del detector de Pangram, regulaciones legales y mi posición al respecto.
Si me lees desde el correo y no tienes una cuenta en Substack, te cuento que esta plataforma ha incorporado recientemente un detector de IA que todos los usuarios pueden usar para analizar el texto tanto de artículos como de publicaciones en la sección Notes. En palabras simples, siempre que uses la aplicación o el lector de Substack en el navegador, realizar el análisis te permitirá saber qué porcentaje de lo que estás leyendo ha sido escrito por el autor en cuestión o generado por IA. Como cada actualización de producto de Substack, esta no ha estado exenta de controversia.
Después de leer los innumerables comentarios, tanto de los que están a favor como en contra de esta medida, he considerado que era hora de opinar del tema, aunque ya hayan pasado varios días. ¿Qué puedo decir? Soy algo reacio a las novedades. Si una película recién estrenada causa furor, no la veo sino hasta que haya pasado el llamado hype, o la emoción del momento. Lo mismo con las canciones. Lo mismo con la moda en general. Con las novedades de Substack me pasa algo similar. Nunca me ha gustado formular una opinión «en caliente», cuando las cosas están pasando, sino que prefiero parapetarme tras la debida perspectiva del tiempo. Eso me ha permitido considerar las diversas aristas que este tema tiene, que es más complejo de lo que parece. No las abordaré todas a profundidad, pues varias de ellas requieren de un punto de vista profesional y bien documentado y son, más que nada, terrenos a los que no pienso adentrarme, aunque sí voy a mencionarlas.
Este no es un artículo breve, precisamente, así que te sugiero leer con calma y, a ser posible, con una buena bebida en mano. ☕
Te doy la bienvenida a Desde el oficio, una sección en la que comparto reflexiones desde mi experiencia como escritor independiente. Si aún no te has enterado de qué va todo esto, te invito a leer este artículo.
Mi experimento personal y el auge de los creadores que usan la IA para su contenido
No es una novedad para nadie que gran parte del contenido en Substack —y en cualquier otra plataforma— está hecha con IA. Yo mismo, a mediados del año pasado, llevé a cabo un pequeño experimento: creé un perfil alterno, un nuevo blog, y comencé a publicar artículos generados por IA. Por entonces la mayoría de usuarios se quejaban de que los artículos con IA estaban recibiendo más alcance e interacción que los escritos por humanos. En este artículo te hablo acerca de que hubo un tiempo en que me sentía ignorado aquí en Substack por publicar mis textos literarios. Lo que no te conté en ese momento fue que, queriendo poner a prueba eso de que el contenido con IA era mejor recibido, llevé a cabo el dichoso experimento.
Luego de publicar unos cuantos artículos, dándoles unos retoques aquí y allá, uno de ellos empezó a tener mayor alcance, hasta superar los cien likes —que para mí fue toda una proeza, considerando que hasta ese momento mi publicación más visitada contaba con menos de la mitad de likes en comparación—, sin mencionar que se llenó de comentarios, la mayoría halagando la forma de escribir de tan talentoso escritor, ya que se sintieron identificados con sus palabras. Sonreí con una mezcla de ironía y resignación cuando vi eso: un escritor con foto de perfil genérica, con una cuenta y blog recién creados, sin redes sociales alternas y una evidente falta de trayectoria estaba logrando hacerse notar más que yo, que llevaba años intentando darme a conocer en la plataforma.
Ahora quiero que imagines este mismo experimento, pero a gran escala. Aunque en realidad no hace falta que lo imagines, pues en la actualidad, más de la mitad del contenido en internet ya fue generado por IA. Esto es fácil de comprobar en el día a día si alguna vez, como yo, has usado a la IA para generar contenido —texto, sobre todo—. Dicen por ahí que si sabes cómo detectar un texto escrito con IA, es que tú también has usado a la IA para generar textos, y es cierto, o al menos eso aplica conmigo, ya que con el experimento que te comenté no sólo generé los textos que terminé publicando sino también otros tantos que nunca vieron la luz, y a todos y cada uno tuve que darles varias lecturas exhaustivas, por lo cual el estilo de escritura artificial se me quedó interiorizado, y con base en ello es que puedo alimentar ese detector de IA que llevo dentro. La IA tiene patrones muy marcados que la vuelven inconfundible. Aun así, y a menos que tengas un buen oído literario, el texto generado puede pasar desapercibido con sutileza, a diferencia de una imagen o un vídeo, donde la mano artificial se percibe con mayor claridad. Pero la realidad es que estamos inundados de contenido artificial, sin importar la red social que usemos.
En este artículo te hablo acerca del facilismo, que es la tendencia a escribir algo sin mucho esfuerzo, con un lenguaje simple y sin profundidad. También te conté acerca de cómo muchos «escritores» optaron por escribir esos textos superficiales, desechables y pretenciosos únicamente porque vieron que el algoritmo favorecía este tipo de contenido breve, y quisieron beneficiarse con una tajada de ese pastel de interacción: sacrificaron la calidad de su trabajo a cambio de miles de likes. Y les funcionó, esa es la peor parte. Porque esa tendencia empobrece el oficio, pues consciente o inconscientemente, muchos dejan de esforzarse por mejorar su escritura y buscar su propia voz para, en lugar de eso, optar por escribir lo que el algoritmo exige. Porque eso funciona, porque eso vende, porque eso da de comer y, al fin y al cabo, todo el mundo lo hace.
No es extraño, entonces, que la misma motivación que muchos escritores tuvieron para escribir frases breves y superficiales para complacer al algoritmo, ahora los creadores la tengan para generar textos con IA y captar una audiencia en específico de la que pueden sacar provecho más allá de las interacciones.
El contenido vacío sin calidad ni profundidad no es nada nuevo, pero la IA lo ha amplificado a niveles estratosféricos, dando lugar a distintos creadores con intenciones particulares. Están los que crean con IA por diversión; luego están los que lucran haciendo pasar a sus creaciones como 100 % humanas sin admitir que usan IA; luego, los que intentan erigirse como autoridades en un tema gracias a la IA, sin importar el riesgo que eso conlleva (para que comprendas mejor a qué me refiero, te recomiendo leer este artículo escrito por Shey Arwen, a cuyo boletín te recomiendo suscribirte también porque comparte contenido valioso); y los que usan a la IA como apoyo externo para documentarse o realizar investigaciones, pero no para escribir.
A nivel personal, el tipo de creador que me disgusta más es aquel que usa la IA para crear contenido, hacerlo pasar como hecho 100 % por humanos, y luego pretender venderlo como un producto de alto valor. Es una forma de insultar la inteligencia de los lectores y posibles clientes, porque subestima la capacidad que muchos tenemos para detectar si hay o no IA en determinado contenido.
Como dijo Christ Best en el artículo donde anuncia la implementación del detector de IA:
¡Claude tiene mucho que aportar! Pero cuando quiera la opinión de Claude, se la pediré a Claude.
Christ Best, CEO de Substack
Yo parafrasearía mi propia versión: si quiero un producto hecho con IA, yo mismo lo haré con IA.
Reacciones diversas a la nueva herramienta de Substack
Como te comentaba al inicio, ahora todos los usuarios pueden usar esta herramienta —desarrollada por Pangram, por cierto— para comprobar si el texto que alguien publicó fue generado o no por IA, lo mismo con los artículos, que es lo que, personalmente, más me interesa.
Esta implementación ha sido la gota que derramó el vaso para muchos escritores, que han decidido abandonar la plataforma para mudar su trabajo a otro lado. Muchos de ellos dicen temer que con esta herramienta sus textos sean usados para entrenar a la IA. También porque Pangram —la IA con la que Substack se ha asociado— suele arrojar falsos negativos y falsos positivos; es decir, es posible que esta herramienta marque un texto como escrito por IA cuando ha sido escrito por un humano, y viceversa: puede marcarlo como escrito por humano cuando fue la IA quien ha generado el texto.
Substack ha aclarado que, aunque la herramienta no es infalible, tiene un alto grado de precisión. No penaliza el uso de la IA, pero considera que los usuarios tienen el derecho de saber qué tipo de contenido están consumiendo en virtud de la transparencia:
(…) la gente debería saber qué esperar. Por ejemplo, puede que no te importe leer un análisis perspicaz de alguien que se basó en gran medida en la IA para presentar sus conclusiones, pero que solo quieras interactuar con respuestas escritas por una persona. En cualquier caso, deberías tener la opción de elegir.
También agregó las siguientes opciones para los creadores:
Redactar una sección titulada «Cómo hago esto», que es un pequeño espacio en donde puedes explicar cómo usas la IA —si es que la usas— o decir simplemente que no la usas para nada. Es lo que verán los usuarios cada vez que analicen alguno de tus artículos en busca de texto generado por IA.
Desactivar el análisis para evitar que los lectores usen la herramienta de Pangram con tus textos. Lo «malo» —y de lo que se quejan muchos escritores— es que debes desactivar el análisis artículo por artículo, en lugar de poder hacerlo con un solo clic para todas las publicaciones.
Como era de esperarse, las reacciones han sido variadas.
Muchos escritores están inconformes, ya que varios de sus textos han sido marcados total o parcialmente escritos por IA cuando aseguran que fueron ellos quienes los han redactado de forma íntegra.
Adentrándome un poco más en el enorme debate que se generó en el artículo oficial, encontré a un usuario que sufre de parálisis y tiene que utilizar una IA para que redacte sus ideas. Teme que, debido a su condición, el detector marque su texto como hecho por IA, e incluso habló de la posibilidad de una demanda por discriminación.
Están también —la mayoría, según noté— los que buscaban una plataforma en la que refugiarse para escribir. Lejos de sentirse cómodos con poder expresarse en Substack, ahora tienen que enfrentarse al prejuicio que genera en los lectores el hecho de que sus textos corran el riesgo de ser marcados, aunque sea en un pequeño porcentaje, como generados por IA.
Luego tenemos a los escritores que aplauden la iniciativa por considerarla una medida justa tanto para los lectores como para aquellos escritores que se toman el trabajo de crear textos reales, documentándose como es debido y pasar horas interminables tecleando para entregar algo digno de ser leído, hecho, si bien no perfecto, sí desde su propia humanidad.
Hay quienes defienden el uso de la IA porque consideran que no importa tanto quién escriba algo, sino las ideas. Admiten que los textos que publican están redactados por IA, pero que las ideas son suyas y, por lo tanto, eso es lo único que debería importar.
Y en cuanto a los lectores, he encontrado respuestas similares. Están los que recurren al clásico de: si no te tomaste el tiempo para escribirlo, no me tomaré el tiempo para leerlo. Y otros que aseguran que es más importante lo que un texto provoca en ti, que saber quién lo escribió.
Como ves, las opiniones son diversas, y son muchas.
Ahora pasaré a un tema que me parece interesante con respecto a la propiedad intelectual…
Propiedad intelectual: ¿te pertenece un texto que una IA ha generado basándose en tu idea?
Hablar de propiedad intelectual es hablar del Convenio de Berna. Se trata de un acuerdo internacional que protege los derechos de autor de obras literarias y artísticas a nivel global, de tal modo que todos los creadores controlen el uso de sus creaciones en otros países. El acuerdo ha sido firmado por 182 estados miembros, entre los cuales muy probablemente se encuentra el tuyo.
Tiene el principio fundamental de trato nacional, que consiste en que las obras de un país miembro reciben la misma protección en los demás estados. De forma clara: si escribes un libro en Perú, se te reconoce la propiedad intelectual en Perú, pero también en España, en Estados Unidos, en China, etc.
Otro detalle clave del Convenio es la protección automática: no hace falta registrar formalmente una obra para tener los derechos de propiedad intelectual sobre ella, basta con que tengas pruebas concretas que demuestren que eres el creador de dicha obra. Pero como el editor que también soy te recomiendo que te tomes el trabajo de registrar tu obra de manera formal. Cuesta, pero es una inversión que vale la pena.
Por otro lado, es bien sabido que no se protegen las ideas. Por mucho que uno piense que tiene una idea original, el derecho de propiedad intelectual no aplica para la idea, tema, argumento o concepto en que se basa una obra, sino para la forma original en que estas ideas se expresan. Por poner un ejemplo, nadie es propietario intelectual del tema del amor, pero sí de un poema concreto que ha escrito sobre el amor. Es tan simple como eso. Todo el mundo puede escribir sobre el amor, pero nadie puede copiar la expresión original de otro autor y apropiársela porque el delito está precisamente ahí.
Esto desbarata la idea de aquel escritor que justifica su uso de la IA diciendo que, aunque la IA sea la que escriba, él es el dueño de la idea. Mala noticia: tener la idea no basta para convertirse en titular de derechos sobre los textos que desarrollen a partir de esa idea.
Eso sin mencionar que, en la mayoría de ordenamientos jurídicos, la autoría originaria sólo puede corresponder a una persona natural. Por eso, un texto generado íntegramente por IA y sin una aportación creativa humana suficiente puede quedar fuera de la protección del derecho de autor. Lo de «aportación creativa humana suficiente» es un matiz que se sigue discutiendo, pero te adelanto que eso significa que no basta con cambiar palabras o parafrasear fragmentos para obtener la autoría de un texto generado por IA.
IA en la escritura humana, problemas con detectores y regulaciones legales
Sabemos que la creación de contenido con IA se ha proliferado tanto que la mayoría del contenido que consumimos en las redes es artificial. Se ha vuelto omnipresente, y su poder no se limita a la pantalla, ya que todo ese contenido ha sido consumido por personas que dedican —incluso sin saberlo— horas a leer textos generados por IA. Al hacerlo, absorben sus patrones de escritura del mismo modo que interiorizamos los patrones de habla de las personas con las que nos relacionamos. Por eso son cada vez más las personas que escriben haciendo uso inconscientemente de vocabulario, variaciones lingüísticas y estructuras gramaticales que la IA ha explotado hasta la saciedad.
Con esta observación desarrollaré tres subtemas a continuación.
La homogenización de estilo de escritura
Por un lado, si esta tendencia va en aumento, tendremos como resultado la proliferación de textos que se perciben igual de planos que una IA, aunque hayan sido escritos por humanos.
Este problema resulta serio especialmente para los escritores, porque es probable que nuestro estilo de escritura se haya visto afectado de manera inconsciente por el uso intenso que hemos hecho de la IA en los últimos años —incluso si la hemos usado sólo para fines de investigación y no para la generación de textos—. Habría que revisar nuestros escritos anteriores a la fecha en que comenzamos a usar esta herramienta, y detectar si nuestro estilo de escritura ha variado. Sería normal pensar que sí, debido a que nada permanece igual en el tiempo, sobre todo tratándose de una actividad que se supone que realizamos con frecuencia, que es escribir. Pero una cosa es que haya variado para enriquecerse por los libros que leemos, y otra, muy distinta, que nuestra escritura se haya vuelto plana, «limpia», predecible, por haber consumido textos generados con IA y, peor, por haber usado la IA para generar textos.
Hace años, cuando era adolescente, un escritor al que admiraba por entonces me sugirió hacer un ejercicio para mejorar mi escritura. Ambos formábamos parte de un grupo de escritores en Facebook donde compartíamos nuestras producciones. Parafraseando, me dijo: «dedica una semana a leer lo que se publica ahí. Si juntas un texto de cada autor, y luego quitas la firma, es posible que todos los textos te parezcan escritos por la misma persona». Lo que quiso decirme era que, si quería sobresalir, debía ver aquello que otros no veían para mejorar ahí donde los demás encontraban su zona de confort. Sólo así iba a poder encontrar un estilo de escritura propio, que no suene igual a los demás.
Ese recuerdo me viene a la mente ahora mismo cuando pienso en todos los textos generados artificialmente que consumimos a diario. Podemos estar en contra o a favor del uso de la IA, pero hay algo que es evidente y que no podemos negar: estamos permitiendo que nuestro estilo se homogenice, y esa es otra forma de invisibilizarnos, de perder lo que nos hace únicos frente a otros escritores.
Aquí retoma fuerza lo que escribí en este artículo con respecto a encontrar un estilo de escritura propio, ya que contar con uno resulta de vital importancia hoy más que nunca.
Ineficiencia de las herramientas de detección de texto generado por IA
Sí, la detección de textos generados por IA se volvería ineficiente. Porque los modelos de las herramientas de detección se entrenan con datos que incluyen textos humanos, y si en esos textos se percibe influencias de la IA, entonces la siguiente generación de herramientas habrá sido entrenada con escritura de IA de generaciones anteriores.
Esto dificulta la detección porque estas herramientas fueron diseñadas para detectar contenido generado totalmente con IA, pero tienen dificultades con la escritura influenciada con IA (textos escritos por humanos que han asimilado patrones de IA).
Se puede esperar, entonces, que la nueva herramienta de Pangram incorporada en Substack tienda a señalar que ciertos artículos han sido escritos con ayuda de la IA, aunque en realidad los autores nunca la hayan usado. Eso explicaría la razón de tantas quejas. Puede ser verdad que no escriban con IA, pero han estado tan expuestos al contenido artificial que ahora escriben de forma similar a ella incluso sin darse cuenta.
Soy consciente de que las herramientas de inteligencia artificial han sido entrenadas desde sus inicios con textos escritos por humanos, por eso puede resultar irónico el hecho de que sea una IA la que nos diga que un texto ha sido generado con IA, cuando realmente todos los patrones de escritura los ha aprendido de nosotros. ¿Entonces se puede culpar a alguien por usar recursos de redacción propios de la escritura humana, pero de los que la IA se ha apropiado?
Pero hay algo más: ¿qué pasaría si la IA comienza a explotar patrones nuevos, hasta el punto de convertirlos en «patrones de IA»? ¿Existe la posibilidad de que, si la IA sigue aprendiendo nuevos estilos de escritura, la escritura humana se vuelva indistinguible de la generada artificialmente?
Regulaciones legales
En la actualidad no existe ninguna obligación general que, aunque sólo fuera por una cuestión de ética, obligue a las empresas de LLM a mantener una uniformidad estilística deliberadamente diferenciable de la escritura humana. Y en mi opinión, tampoco existirá, ni debería. Si lo piensas, es lógico: si todos los LLM comienzan a escribir con ciertas características fijas (por poner un par de ejemplos: conectores específicos o frases de longitud media), bastaría una reescritura parcial del texto para romper estas señales.
Como respuesta, muchos investigadores consideran que la mejor manera de identificar un texto artificial sería la incorporación de algún tipo de marca técnica durante la generación. Debido a ello, en 2023 un grupo de investigadores —entre los que se encontraba Scott Aaronson, que trabajó con OpenAI— propusieron un sistema de lo que se denomina como watermarking estadístico para textos generados con LLM. En palabras simples, esta idea consistía en que el modelo elija palabras siguiendo un patrón probalístico secreto que no sea perceptible para humanos pero que pueda detectarse posteriormente con una clave. Sin embargo, esta idea no estuvo exenta de problemas, ya que la medida se degrada si el texto se edita, además de que no funcionaría para textos cortos, generaría falsos negativos y falsos positivos, sin mencionar que requeriría que las empresas cooperen y mantengan estándares compatibles.
¿Pero podría exigirse por ley?
En teoría sí, pero una ley así tendría que resolver cuestiones difíciles, empezando por su implementación global a los modelos de código abierto, además de problemas de jurisdicción con modelos extranjeros, la privacidad del usuario —ya que un sistema de rastreo podría identificarlo tanto a él como a su proveedor—, y la libertad de expresión, pues obligar a marcar todo texto artificial puede afectar usos legítimos de escritura.
Pero lo más llamativo es la famosa paradoja regulatoria. Y es que cuanto mejor sea un LLM, menos diferenciable será su escritura de la humana. Obligar a que genere textos con características específicas podría interpretarse como exigir que el sistema sea deliberadamente peor.
¿Entonces se está o no regulando algo, de alguna manera?
Sí. Existe el Reglamento Europeo de IA —Reglamento (UE) 2024/1689—, que entró en vigor el 1 de agosto del 2024 y cuyas obligaciones se han venido aplicando de manera gradual. No obliga a que las LLM suenen artificiales, pero sí a que, en determinados casos, el origen artificial del contenido sea identificable.
Tal vez por eso Substack implementó la herramienta de detección desarrollada por Pangram. Y digo «tal vez» porque la ley no obliga directamente a Substack —ni a ninguna empresa— a implementar detectores de contenido generado con IA. El artículo 50 de la ley —que entró en vigor apenas hace unos días, el pasado 2 de agosto— establece cuatro situaciones principales en las que debe haber transparencia: cuando el usuario interactúa con una IA, cuando una IA manipula o genera contenido, cuando una IA crea o altera contenido que parece auténtico (los famosos deepfakes), y texto sobre asuntos de interés público.
En otras palabras, lo que se exige es que el contenido —textos, para el caso que nos interesa— generado o manipulado con IA sea divulgado como tal. Sin duda, un detector como el de Pangram puede ayudar a cumplir esta obligación, aunque no sea una obligación en sí.
Lo que sí creo que puede estar sucediendo es que la medida de Substack de implementar el detector de IA, si bien no responde de manera directa a la mencionada ley, sí puede ser una respuesta al Código de Buenas Prácticas sobre Transparencia del Contenido Generado por IA, impulsado por la Comisión Europea, que propone a los proveedores como Substack que incorporen mecanismos de marcado, faciliten herramientas de detección, documenten cómo identificar contenido generado y cooperen la interoperabilidad entre plataformas.
Sea como fuere, lo que está claro es que todo indica que el detector que ha implementado Substack ha llegado para quedarse, aunque su trabajo sea cada vez más complicado debido a la constante mejora de los LLM, y aunque incomode a varios usuarios por el camino.
Mi posición al respecto
Si te soy sincero, no veo a la herramienta de Pangram como una razón de fuerza para abandonar Substack como otros escritores lo han hecho. Pienso permanecer aquí todavía por lo mismo que ya comenté en un artículo anterior: hay más razones buenas que malas para estar en Substack y disfrutar de la plataforma.
Cuando el CEO anunció la incorporación de la herramienta, causó revuelo. Pero mentiría si te dijera que me alegró la noticia. Mentiría también si te dijera que me indignó o que me puso triste. Las nuevas herramientas que Substack incorpora me suelen generar expectativas, pero esta en particular sólo me generó cierta curiosidad por el modo en que los usuarios iban a reaccionar, tanto creadores y consumidores que están a favor y en contra.
También me ha hecho reflexionar con respecto a mi manera de usar Substack y el modo en que abordo mi oficio de escritor.
Con respecto a Substack
Para empezar, y por las razones que he expuesto más arriba, he decidido darme de baja de todos los boletines que publican textos generados íntegramente con IA o con una mínima intervención humana. Ya sé que dije que Pangram no es infalible, pero su alta precisión me parece un buen complemento para mi detector de IA interno. Texto que me parece sospechoso, texto que paso por el escáner. Si no da la talla, es una desuscripción automática. Uso el detector de Pangram para los boletines que permiten el análisis, y uso mi detector interno para aquellos que no lo hacen. Como alguien lo suficientemente familiarizado con la escritura de IA, me guío por mi instinto.
Por otro lado, he decidido desactivar el detector en mis artículos. He leído que los detectores no alimentan a la IA con los textos que analizan, pero mi lado conspiranoico prefiere prevenir. Si llevas buen tiempo leyéndome, sabes bien que no me hace falta expresarme a través de un prompt. Y aunque te parezca una contradicción con lo que te acabo de decir en el párrafo anterior, lo cierto es que no lo es. Activar o desactivar el análisis es una decisión personal práctica, no una guía moral. Yo no exijo que todos los boletines activen el detector para analizar sus artículos, ni me amparo en la idea de que el que nada debe, nada teme, para mantener activo el detector en los míos. Simplemente uso mi criterio para decidir, y espero que quien me lea haga lo mismo. Somos libres de elegir el lugar en el que queremos quedarnos, y de consumir lo que queramos.
Con respecto a mi oficio
Pero esto no es sólo una cuestión de gusto. Antes hablé acerca de que la exposición constante y prolongada a la escritura generada con IA hace que uno corra el riesgo de asimilar patrones que luego, de forma inconsciente, incorpora a su propia escritura. No quiero eso para mí. Si voy a ser influenciado prefiero que sea por libros bien escritos para alimentar mi acervo lingüístico como se debe, o por fuentes en las que confío. Si has leído mis artículos publicados en esta sección, comprenderás cuánta importancia le doy a la lectura de calidad y a la escritura que se hace de manera consciente.
Supongo que debo considerar esto como una razón de peso para tomarme en serio lo de adentrarme a la literatura clásica, luego de pasar años mirándola por el rabillo del ojo. Como te comenté la semana pasada, mi lectura actual es Historia de dos Ciudades, de Charles Dickens, un autor que me intriga por lo buen escritor que fue y por la gran influencia que tuvo en Carlos Ruiz Zafón, que, como bien sabes, es mi novelista predilecto.
Leer clásicos será mi manera, también, de resistir a los embates de la modernidad, que, como pasó con la arquitectura, «aplana» todo lo que toca. Necesitamos buena literatura, y si no la encontramos en los catálogos actuales, habremos de esforzarnos por escribirla nosotros.
Como una forma de fortalecer mi arte, realizaré ejercicios de escritura. Yo escribo a diario, pero no necesariamente escribo literatura (poemas, relatos, cartas, etc.). El primer artículo que publiqué en la sección Desde el oficio se titula No todo lo que escribes es literatura, y ahora lo tomo como recordatorio personal. Lo que escribo en mis diarios o las ideas sueltas que anoto no necesariamente tienen valor literario, aunque sí pueden tener valor sentimental, pero eso es otra cosa. Me propondré a escribir nuevos textos literarios para fortalecer ese músculo que llevo semanas sin trabajar. Creo con firmeza que la mejor manera de contrarrestar la escritura artificial es la escritura humana que se perfecciona constantemente.
Algo que me está ayudando también ha sido regresar a mis primeros textos. No soy mucho de releerme, pero creo que si quiero tener como referencia un estilo de escritura, será necesario revisar todos los libros que he publicado para recordar la tonalidad y el ritmo de mi voz literaria. Si eres escritor o escritora, te sugiero que hagas lo mismo.
Mi compromiso
En los tiempos que vivimos es necesario que tomemos el oficio de escribir con muchísima más seriedad y conciencia. Yo soy de los que piensan que escribir no te hace escritor (aquí te dejo un artículo al respecto), y esto lo pensaba antes de la IA. Hoy, con ella, este pensamiento sólo se refuerza. Como ya comenté antes, detectar un texto generado con IA, aunque la IA haya sido usada de manera parcial, roza la imposibilidad, sobre todo si detrás hay un minucioso trabajo de retoque.
En una conversación que tuve con algunos colegas de letras (que puedes ver aquí) mencioné que los escritores que llevábamos varios años publicando en internet contamos con cierta ventaja sobre aquellos que han surgido recientemente: el respaldo de todo el tiempo que brillamos por mérito propio, sin evidente ayuda de la IA, porque esta ni siquiera existía. También pienso que —y a riesgo de que esto pueda malinterpretarse— como los lectores que también somos deberíamos ser precavidos con aquellos autores que usan la IA para generar textos, en especial si ellos apenas se están dando a conocer como escritores. Nuestro detector de IA debería estar más alerta que nunca para identificar falsos colegas. Y no, no se trata de vetarlos o funarlos ni nada de eso (no es lo que promuevo, que quede claro), pero siempre será mejor saber quién escribe por ingenio propio y quién se vale de la IA para adjudicarse el título de escritor que no se ha ganado. Y como siempre, una aclaración importante: no estoy diciendo que los escritores que apenas se están dando a conocer usen necesariamente IA, pero tampoco sería una actitud inteligente ignorar la relación —que no causal— que existe entre el surgimiento de la IA y el incremento reciente de nuevos escritores.
Escribir es para todo el mundo, pero no por eso todo el mundo es ni tiene por qué ser escritor, y menos aquellos que pretenden pasar por suyos los textos generados de manera artificial. Por respeto a la literatura, por respeto a los lectores, por respeto al oficio y al trayecto que estoy recorriendo, quiero que sepas que estoy comprometido con no usar la IA para generar los textos que publico en este espacio.
Hay quienes aseguran que la IA es sólo una herramienta más de tantas. Que usarla será inevitable, tal como sucedió con la máquina de escribir o con el teclado, y que pensar que su uso puede denigrar al oficio sería como pensar que usar teclado afecta la escritura y que por lo tanto, si tanto renegamos de la IA, deberíamos también regresar a la máquina de escribir o, en caso extremo, a escribir a mano. Lo que no mencionan es que ni la máquina de escribir ni el teclado reemplazaron jamás el proceso cognitivo que los escritores experimentan para crear sus producciones. Esas máquinas no pensaron por ellos, no dieron respuestas rápidas ni mucho menos escribieron en su lugar. Pero todo eso la IA sí lo hace. Y razones sobran para considerar que su uso prolongado puede afectar negativamente al desarrollo cognitivo de los escritores, pues no es el único frente que debemos tener en cuenta, ya que también está el famoso scroll infinito. Por un lado, dejamos que una máquina escriba —y por lo tanto piense— por nosotros; mientras que por el otro permitimos que nuestra atención desaparezca en un limbo de dopamina segregada gracias a vídeos verticales y contenido basura que nos hacen desaparecer del mundo durante horas.
No me considero un purista, simplemente soy un escritor que busca establecer ciertos límites y darle el lugar que le corresponde a cada herramienta que utiliza. La IA para fines investigativos me parece buena —y de hecho ha mejorado con respecto a hace unos años—, pero no para generar ideas ni mucho menos para generar textos. ¿Que puedo demorarme más escribiendo? Claro, como también me demoro en leer libros, en realizar investigaciones, en generar mis propias ideas o buscar resoluciones. No puedo permitir que el precio de hacer todo más rápido sea perder parte de mi humanidad. Prefiero seguir publicando artículos con demora o desaparecer de vez en cuando de las redes si eso implica alimentarme de buena literatura y crear la mía a partir de ella.
Honestamente, dudo mucho que pueda librarme del rastro que deja la IA tras de sí en cada texto que aparece por internet, pero hacer el esfuerzo siempre valdrá la pena. Es ya una cuestión de fe y compromiso personal con el buen arte. Nadie va a aplaudirme por evitar el uso de la IA para generar textos, no van a reconocerme por eso, ni mucho menos será algo que pueda probarle al mundo (no basta con decir «no uso IA»), pero podré tener la conciencia tranquila de mantenerme firme a mi ideal y de que, aunque mi proceso parezca rudimentario, le estoy dando a la literatura —y a la escritura en general— el valor artístico que merece y que no debería perder con el tiempo.
Reflexión final
Intentar mantenerme lejos de la IA forma parte de los esfuerzos que estoy haciendo para luchar contra las pantallas y mantenerme al margen, aunque sea un poco, del ruido digital, algo que ya te comenté en el artículo que publiqué la semana pasada.
También porque quiero fortalecer mi capacidad de atención, y para ello necesito recuperar las tareas que he simplificado con la IA: investigar, diseñar, generar mis propias ideas y organizar mi trabajo por mi cuenta.
Eso no significa que me aleje al 100 % de la IA, porque te recuerdo que no estoy en contra de su uso. Después de todo, me resulta útil para generar imágenes. Por ejemplo, las fotografías que publico en Notes las retoco con IA: les cambio el fondo, porque ya me gustaría tener una mesa con esa textura de madera, pero no la tengo, así que toca echar mano de esta dichosa herramienta:
Como ves, las libretas son reales; el fondo no. La IA me permite mantener un estilo visual coherente con el resto del contenido que publico.
Hasta el año pasado, incluso, usaba imágenes generadas con IA para las portadas de mis artículos, pero preferí darle un estilo más retro a Hache de Silencio y ahora elaboro en Canva los collages que uso como portadas (sí, la portada de este artículo también la diseñé yo, aunque, si prestas atención, notarás que para los logos de Substack y Pangram usé la IA para darles ese estilo 3D y vintage). Creo que con eso estoy logrando darle una imagen más personal a este espacio. Me gusta que los resultados que obtengo sean fruto de usar mi propio ingenio.
Ahora quiero saber tu opinión:
¿Qué piensas al respecto? ¿Usas la IA para tu trabajo o consideras que es mejor lo hecho por humanos? Tengo curiosidad por conocer tu punto de vista.
Como una forma de priorizar la retroalimentación dentro de la comunidad de Hache de Silencio, la sección de comentarios está reservada exclusivamente para suscriptores. Si te gustaría dejar tu opinión, aporte o consulta, puedes unirte a la comunidad hoy mismo suscribiéndote:
Antes de terminar, te comento que no he incluido aquí un tema que me parece de suma importancia: el hecho de que muchos escritores usen la IA para corregir sus textos. Incluirlo aquí iba a hacer más extenso este artículo, por lo que decidí reservarlo para uno independiente, para tratarlo con el detalle y la calma que merece.
Una última cosa: hoy miércoles 12 de agosto estoy celebrando mi aniversario de escritor. Con este ya son trece años desde que decidí dedicar mi vida a las letras, y es una fecha que, sin exagerar, me entusiasma más que mi propio cumpleaños. Así que, dondequiera que estés, te invito a unirte a esta celebración tomándote una copa de tu bebida favorita a mi salud. 🥂
Muchas gracias por acompañarme una semana más en Hache de Silencio.
Que las buenas letras nunca te falten.
Con cariño:
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Me ha gustado mucho el artículo; sobre la decadencia de textos simplistas creo que es algo ya heredado de hace años, cuando comenzó la tiranía SEO y tenías que plegar tu escritura al algoritmo para posicionar una web o un blog. Esa es la semilla (textos SEO optimizados) que sirven de entrenamiento a la mayoría de LLM, de ahí que su texto suene en parte tan parecido (además de otros conceptos técnicos como la ventana, el espacio contextual y la probabilística semántica acotada) han dado por hecho que los humanos escribimos mayoritariamente SEO friendly. Y sobre los LLM entrenados con salidas de otros LLM es un fenómeno que se denomina model collapse que termina por dar resultados paupérrimos. Y sobre los autores que huyen de aquí para evitar entrenar modelos… o lo especifican claramente en su arquitectura web o estarán dándole el contenido a cualquier LLM, al igual que si no especifican un no index su contenido terminará en los motores de búsqueda. Gracias por tú análisis, gran artículo.
Me ha gustado mucho todo el análisis que has hecho del tema, bastante profundo e interesante. Me alegro de poder leer este tipo de artículos y que, encima, estén escritos por una persona.
Por mi parte, no uso IA y me resisto a ello. Prefiero pelearme con el texto, subir a veces algo que no sea perfecto, e ir aprendiendo con todo en el proceso.
Un abrazo.