Diez lecciones para escritores que nos dejó Carlos Ruiz Zafón
Analizando a mi escritor favorito
Mi método de trabajo está dividido por capas. Escribo como se hace una película, en tres fases. La primera es la preproducción, en la que creas un mapa de lo que harás, pero cuando te pones a hacerlo ya te das cuenta de que vas a cambiarlo todo. Luego viene el rodaje: recoger los elementos con los que se hará la película, pero todo es más complejo y hay más niveles de los que habías previsto. Entonces, a medida que escribes, ves capas y capas de profundidad, y empiezas a cambiar cosas. En esa fase es cuando empiezo a preguntarme: «¿y si cambiase los cables, o el lenguaje, o el estilo?». Ahí creo la tramoya, que para el lector ha de ser invisible: el lector ha de leer como agua, le ha de parecer todo fácil… Pero para que sea así hay que trabajar mucho.
En vida, Carlos Ruiz Zafón escribió varias reflexiones en torno a la lectura y el mundo de los libros en general, además de otras temáticas que se abordan —a veces de manera directa y la mayoría de veces de manera sutil— en sus ocho novelas publicadas.
Pero también hay un tópico bastante manejado por el autor y gira en torno a la actividad literaria de un escritor. De hecho, en su libro «El Juego del Ángel», el protagonista es un escritor barcelonés. En palabras del mismo autor: «David Martín es una amalgama de muchos escritores, de los aspectos más turbios y oscuros de la vida literaria. Todos los escritores, en el fondo, tienen un poco o un mucho de David Martín».
Pero Martín no es el único personaje escritor con el que, a través de toda la saga, nos vamos a encontrar. A todos aquellos literatos Zafón les otorgó algo especial que los hizo únicos, pero también, por medio de todos ellos, reflexionó sobre lo que significa ser un escritor, contemplando las dificultades inherentes que conlleva, los esfuerzos y en muchos casos los sacrificios que debe hacer alguien que quiere dedicarse a esto como oficio, más allá de un simple pasatiempo.
Todo esto me ha parecido una buena razón para recopilar algunas de las tantas reflexiones que hace al respecto a través de su obra y que ahora expongo en este artículo, guiado siempre de las numerosas entrevistas que ofreció en vida. Dos de los libros de la saga serán los más citados aquí: El juego del Ángel y El Laberinto de los Espíritus, pero no revelaré nada esencial de las tramas, sino que me limitaré a abordar los temas que tienen que ver con la producción literaria.
Te doy la bienvenida a Desde el oficio, una sección en la que comparto reflexiones basadas en mi experiencia de más de una década como escritor. Este es un espacio pensado para hablar, con franqueza y sin adornos innecesarios, sobre lo que significa ser escritor en estos tiempos. Si aún no te has enterado de qué va todo esto, te invito a leer este artículo.
1. Un escritor vive y muere para escribir
Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.
Carlos Ruiz Zafón, El Juego del Ángel (2008)
Esta es tal vez la idea más clara y certera de lo que significa ser escritor, entregarse a esta actividad. Para hacer un poco de analogía entre el autor y su obra, cabe mencionar que cuando Zafón comenzó a publicar tuvo que abandonar para siempre su trabajo como publicista en una importante empresa trasnacional para cumplir el sueño de ganarse la vida haciendo lo que él quería hacer, lo que nos demuestra que siempre va a haber tiempo para dedicarse a escribir, tanto de manera íntegra como de manera parcial. Me gusta verlo de esta forma: un escritor está llamado a entregar su vida y alma a la literatura.
En una entrevista realizada por Radio Nederland, Carlos Ruiz Zafón respondió lo siguiente cuando le preguntaron acerca de sus primeras inclinaciones literarias:
Yo siempre había sabido que quería ser escritor, desde que tenía cinco o seis años. Desde que tengo uso de memoria lo que hago es escribir historias, contarlas.
Los escritores tienen la certeza de que necesitan expresarse a través de la palabra escrita, al menos los que quieren dedicarse a la literatura de por vida. Posiblemente no todos persigan un objetivo comercial ni mucho menos hayan sabido desde niños que querían ser escritores, pero ahí está ese fuego, esa seguridad de que cuando las puertas de la literatura se abren y se da el primer paso para enrumbarse en ella, luego ya no habrá ningún retorno posible.
2. Para ser escritor, primero hay que ser lector
Todo escritor es primero lector. Cuando se es un niño, uno comienza leyendo aquello que tiene a mano, que está en casa. Yo leía montones de libros, cómics, cualquier cosa que podía conseguir.
Carlos Ruiz Zafón en entrevista en la Biblioteca Nacional de España
He oído a más de uno decir: «Yo no leo a nadie para no tener su influencia», en un alarde de originalidad sin fundamento1. Pero nos guste o no, todos estamos influenciados por algo, pues nuestra cultura, además de los libros que consumimos, se nutre también de la música que escuchamos, de las ideas, creencias, pensamientos, costumbres de nuestro entorno que inevitablemente influyen en nuestra manera de pensar y, por ende, también en nuestra escritura.
La originalidad no es hacer algo que nadie haya hecho ya, ni mucho menos hacer lo mismo de modo diferente, sino dotar a la obra de un sello personal, de tal manera que nadie pueda imitarlo; de ese modo, estará dotada de una luz que, por mucha sombra que le quieran hacer, no van a conseguir apagar su brillo. La literatura —y esto aplica para cualquier arte, oficio y profesión— se nutre de sí misma.
Así que no temamos ser influenciados —que no es lo mismo que imitar— por otros escritores. Hay que leer, leer muchísimo, y absorber lo que aprendemos de las técnicas, para luego escribir de la mejor manera y poder entregar algo bueno a los lectores.
3. Más que inspiración, es necesario pulir el oficio
La inspiración acude cuando se pegan los codos a la mesa, el culo a la silla y se empieza a sudar. Elige un tema, una idea, y exprímete el cerebro hasta que te duela. Eso se llama inspiración.
El Juego del Ángel, Carlos Ruiz Zafón (2008)
Esto es un factor común de los escritores, tanto de los de poesía como de narrativa: tienen una musa, una fuente de inspiración que a veces aparece de imprevisto, enciende algún reóstato interno de la maquinaria literaria que permite mover los engranajes de la producción para expresar ideas, sentimientos y emociones en un papel en blanco.
El error consiste, según Carlos Ruiz Zafón, en esperar a que esa musa, esa inspiración, aparezca de pronto y nos salve del bloqueo creativo como si fuese un milagro, algo que no necesariamente es así. Él defiende que el oficio tiene que ser trabajado, replanteado, producido y, sobre todo, retroalimentado. Es importante la autoexigencia, el no escribir por escribir, sino el hacerlo de forma consciente, con propósito, pensando siempre en dar lo mejor de uno mismo por respeto a la literatura y a los lectores.
Por supuesto, como el escritor profesional que fue, Zafón no era alguien que improvisaba, precisamente. Al inicio de este artículo cito sus palabras cuando habla de cómo escribe. Muy metódico. Y aun así, como él mismo señala, los escollos no faltan, ya sea para dar continuidad a una idea, como para encontrar una.
Con respecto a esto último, él dijo:
Lo que el novelista debe hacer es utilizar el gran libro de la vida, las experiencias que todos tenemos, los grandes temas clásicos de la humanidad, intentar extraer historias interesantes de ellos.
Lo importante es explorar otros temas, más allá de aquellos a los que estamos acostumbrados. Muchas veces esto requerirá cierta documentación, pero el punto es atreverse, perder el miedo de salir de la rutina. No es cuestión de dominar cada nuevo tema que abordemos, sino de aprender. Tal vez nos sorprendamos a nosotros mismos de lo que podamos llegar a escribir.
Si yo hubiera esperado a que la inspiración acudiera a mí de pronto, no habría logrado nada de lo que he hecho.
Queda claro que para él la inspiración no es espontánea ni un hálito que llega por determinación divina. La inspiración es trabajo y el trabajo se sufre, requiere disciplina y determinación.
4. No cumplir expectativas más que las propias
Cualquier escritor aspira a que su trabajo sea bien recibido y que los lectores lo disfruten, pero yo creo que el modo de asegurarse eso es no pensar en eso, porque de algún modo uno no estaría haciendo un trabajo honesto. Uno tiene que hacer lo que cree que tiene que hacer, intentar hacerlo lo mejor que sabe y esforzarse. Y luego tocar madera y confiar que realmente los lectores lo van a disfrutar.
Carlos Ruiz Zafón en entrevista por parte de LATE MOTIV2
Sí, todos sabemos que cuando escribimos lo hacemos porque nos gusta, porque lo disfrutamos y, asimismo, escribimos aquello que queremos escribir. Zafón no fue ajeno a esta idea. De hecho, podría decir que fue un gran defensor de ella.
Tengamos en cuenta que Zafón era «el escritor en español más leído del mundo después de Cervantes». Si esta es una realidad o parte de una estrategia de marketing, tanto da. El punto es que, como te imaginarás, existía una gran expectativa cada vez que iba a publicar un nuevo libro. Quienes hemos seguido su saga de El Cementerio de los Libros Olvidados esperábamos, por entonces, que el cierre con su cuarto libro fuera magistral. Yo, al menos, sentí que mis expectativas fueron cumplidas.
Y no faltó quien le preguntó acerca de su intención a la hora de publicar, si lo hacía con el objetivo de convertir su nuevo libro en best-seller o si no le ponía especial atención a ese asunto. Y Zafón fue tajante: él siempre escribió lo que quería escribir.
Las dificultades que presenta la escritura de un libro siempre son las mismas, sea cual sea la aceptación de la gente.
De aquí se puede entender que, aunque existan expectativas alrededor, como escritor, uno tiene que ser fiel a sus ideas, a sus anhelos y a los proyectos que tanta ilusión le provocan. El concretar una historia tiene que obedecer a las expectativas que se tienen sobre el trabajo propio, sin dejarse influenciar por lo que el resto espera y de ahí, al publicar, confiar en que el resultado sea bien recibido, pero que de ningún modo esto sea un condicionante a la hora de emprender un proyecto literario.
Por otro lado, hay autores que han caído en esa trampa un tanto pretenciosa de querer cumplir con las expectativas ajenas y que, luego de haber logrado cierto renombre en el mercado literario, tienden a dejarse llevar por la corriente y comienzan a escribir aquello que el público espera, mayormente con fines comerciales.
Al respecto y, en opinión de Zafón, el éxito logrado no determina, o no debería determinar, las futuras producciones de un autor: «Yo creo que a veces la percepción del éxito no cambia tanto a quien lo experimenta, sino a cómo se le observa». Dicho de otro modo, el éxito puede cambiar la manera en que los demás miran al autor, pero no cambia al autor.
Siguiendo esta línea de razonamiento, dijo a RTVE en una entrevista:
Evidentemente, me gustaría que todo lo que hiciera tuviera éxito, pero habrá cosas que lo tendrán y otras que no. Pero no será ese el motor que me lleve a decidir un proyecto u otro porque, además, cuando uno intenta hacer eso siempre se equivoca. Es una ingenuidad. Creer que hago esto porque creo que va a funcionar y va a tener mucho éxito, eso es una tontería. Tú haces lo que crees que tienes que hacer.
Esas declaraciones fueron en el contexto de que, como se sabe, él comenzó escribiendo novelas juveniles, hasta que, luego de publicar su cuarta novela, decidió que debía comenzar a hacer aquello que llevaba ambicionando durante años, lo cual implicaba pasar a las novelas para adultos, explorando el mundo que gira alrededor de los libros, como un homenaje a la literatura, a los escritores y al mundo editorial.
Pasar de un género a otro puede ser difícil, sobre todo por la incertidumbre de no saber si lo nuevo que queremos escribir tendrá el mismo éxito que lo que hemos publicado. Zafón recomienda, dentro de lo posible, no permitir que ese sea el norte de nuestro trabajo: hay que escribir por convicción, y hacerlo de la mejor manera posible.
Dato curioso: cuando terminó con la saga de El Cementerio de los Libros Olvidados, Zafón tenía la idea de escribir una novela que le permitiese explorar el ambiente y los escenarios estadounidenses, al estilo de una novela negra, dejando para siempre lo gótico. El cambio también iba a ser significativo, en especial para los lectores que durante años han acompañado las historias de Zafón en los escenarios sombríos de Barcelona, pero si llegaba a hacerlo, tal como decidió escribir novelas para adultos, la decisión sólo le concernía a él, muy al margen de las opiniones de sus propios lectores. Y estoy seguro de que el éxito hubiera sido el mismo.
5. Acostumbrarse al desprecio injustificado
Si realmente quieres dedicarte a escribir, o al menos escribir para que otros te lean, vas a tener que acostumbrarte a que a veces te ignoren, te insulten, te desprecien y casi siempre te muestren indiferencia. Es una de las ventajas del oficio.
El Juego del Ángel, Carlos Ruiz Zafón (2008)
Pensando en la contraparte del éxito, aparece esta reflexión que gira en torno a ese odio casi irracional por parte, en su mayoría, de ciertos colegas que no ven con buenos ojos cuando alguien comienza a triunfar o le va relativamente bien sin un aparente esfuerzo. Escritores que llevan años intentando surgir podrían verse opacados ante un colega desconocido hasta entonces —y muchas veces más joven— que, de pronto, se convierte en el autor más vendido. Nace la envidia, cierta rencilla que se ve reflejada desde un cambio en el trato hasta el retiro de la palabra.
Eso le sucedió a David Martín, protagonista de El Juego del Ángel, pero puede sucederle a cualquiera que tenga la «mala suerte» de contar con más talento que sus pares.
La envidia es la gangrena de los escritores, nos pudre en vida hasta que el olvido nos siega sin contemplaciones.
El Laberinto de los Espíritus, Carlos Ruiz Zafón (2008)
Pero no sólo eso, pues además es posible que vean con malos ojos esa búsqueda de soledad, el no querer pertenecer a un colectivo o cierto grupo literario. Nace esa pregunta maliciosa: ¿Cómo es posible que alguien venda tantos libros sin tener que exponerse?
Zafón, por ejemplo, era de los que prefería mantenerse al margen de lo que él denominaba «el mundillo literario». No se lo veía en presentaciones de otros escritores o asistiendo a eventos de gran importancia y, más bien, se limitaba a ofrecer presentaciones de libros. Y podría apostar que esto lo hacía porque el contrato que tenía firmado con la editorial lo obligaba a ello, porque si hubiera sido por él, tampoco habría ofrecido eso. Aunque claro, esto es sólo especulación mía.
Pero es verdad que forjarse un nombre en el medio abre posibilidades, y esto es lo que muchos escritores buscan: hacerse un lugar, darse a conocer, conseguir contactos, hacer colaboraciones, tal vez una recomendación por aquí, tal vez firmar un contrato por allá. El objetivo es el mismo: vender más libros. Creo que no hay problema con eso —ni debería—. Lo que pasa es que muchos escritores, cegados por sus prejuicios, no pueden aceptar que habrá autores que sólo quieren dedicarse a escribir y no a figurar, y tienden a tomarlos como petulantes o engreídos, siempre mirándolos desde lejos.
Dejo un par de fragmentos de las respuestas que le dio a Carles Geli en la entrevista que le hizo para El País3.
Cuando le preguntó si acaso no le gustaba la imagen que se da de él:
Bueno, es que se han dicho cosas tan dispares que tampoco hay un retrato fijo: que si soy distante, arrogante, raro... Después, que quizá no soy tan antipático como parecía, y entonces se me perdona la vida... ¿Pero de dónde lo sacan? Me genera perplejidad que una persona que no sabes ni que existe te odie a muerte.
Cuando habla acerca del «mundillo literario»:
No hay nada en ese mundo que pueda interesarme (…) Se participa en estas cosas por necesidad, no por gusto; los autores se involucran porque así sobreviven: un trabajito por aquí o por allí; todo lo que se dice en esos ámbitos es por intereses disfrazados de principios. He tenido la buena fortuna de poder pasar de lado de todo eso. El supuesto mundillo literario es 1% literario y 99% mundillo.
Zafón pertenecía a ese pequeño remanente de escritores a los que la fortuna les sonreía. Publicar para él no fue un acto de supervivencia, sino más bien de convicción. Por supuesto, hablo de sus últimos años de carrera, porque al principio no fue así. Como todos, Zafón tuvo que trabajar muchísimo antes de alcanzar el éxito internacional. Él mismo lo dijo:
Yo no estaba en la gran superficie: he llegado después. Durante el primer año y medio de vida de La sombra del viento me harté de oír que era uno de los libros menos comerciales que se podía hacer en el panorama editorial español.
Este segmento es algo con lo que, tal vez, no todos los escritores podemos identificarnos, pues la mayoría de nosotros debemos recurrir a los medios tradicionales para darnos a notar y exponer nuestro arte, exponiéndonos a nosotros mismos por el camino. Así que, para bien o para mal, no nos granjearemos ese recelo por parte de nuestros colegas si decidimos dedicarnos sólo a escribir y no participar de ese mundillo literario que Zafón criticó en vida, pero no estamos libres de ese otro recelo de aquellos que pueden verse opacados por nuestro talento.
Yo mismo pude experimentar eso, hace tiempo, cuando un colega escritor mayor que yo me pidió consejo para escribir mejor y, al descubrir que me llevaba más de una década en edad, decidió retirarme la palabra a media conversación y nunca más volver a escribirme. Yo tenía por entonces dieciséis años y aquella actitud me dejó confundido, pero luego pensé que pudo haber sido una cuestión de ego. Si fue así o no, este es un tema que da para reflexionar bastante. Me gustaría saber su opinión en los comentarios.
6. Encontrar una voz propia y explotarla al máximo
Imitar a otro autor es una muleta. Sirve para aprender y para encontrar un registro propio, pero es cosa de principiantes.
Carlos Ruiz Zafón, El Laberinto de los Espíritus, 2016
Cuando un escritor comienza a dar sus primeros pasos en la literatura, tiende a consumir primero lo que va a producir. Me explico: un poeta comienza leyendo poesía, lo mismo que un novelista, que comienza consumiendo novelas —esto muy al margen de la amplia retroalimentación literaria que, sin duda alguna, rompe el condicionamiento de que lo que yo acabo de decir se tenga que cumplir a rajatabla—, y es en esos primeros encuentros con el mundo de las palabras que nace en nosotros una aspiración de emular lo que nos causa admiración.
Para escribir es necesario encontrar un estilo propio que nos permita explorar diversas posibilidades expresivas, otros matices con los que podamos, de algún modo, cincelar esa escultura de papel y tinta que sale de nuestra mente. Todo esto nos permitirá no caer en el error tan recurrente que a ojos de Zafón resulta un recurso de principiantes: imitar a otros escritores.
Podemos usar lo que nos enseñan en sus obras: la estructura de la narrativa, los elementos decorativos, los recursos literarios, pero no su estilo ni sus propias palabras, no al menos —y me refiero al estilo— de manera directa, porque la imitación sería más que evidente. Lo que sí podríamos hacer es absorber todo lo posible de lo que esos autores nos aportan para utilizarlo en forjar nuestra propia voz literaria, que finalmente definirá ese estilo que tanto buscamos para tenerlo como sello personal.
Tengo un artículo en esta misma sección hablando acerca del estilo. Lo puedes leer aquí.
7. Para los grandes escritores, el tiempo corre a favor
Antes de escribir una sola página que mereciera el tiempo y la atención de un lector, tenía que escribir cientos o miles de páginas que nunca leería nadie.
Carlos Ruiz Zafón, en entrevista en la Biblioteca Nacional de España
Yo siempre he pensado que un escrito es como el vino: mientras más tiempo se añeje, mejor. Mi manera de verlo es que cuando uno escribe un texto no debe apresurarse a publicarlo, sino que debe dejar pasar uno o dos días, quizá una semana para volver a leerlo y corregir detalles, porque los ánimos cambian y eso influye en la manera que se ven las cosas, mucho más en lo que se lee. A veces se absorbe mejor el ritmo de las palabras, se examina la cadencia desde otro ángulo, y esto sirve para mejorar el texto en todos los nivelas. Ya cuando llega a gustarle a uno mismo y su propia exigencia esté de acuerdo, es cuando puede publicarlo.
Algo así pasa con la publicación de un libro.
Zafón recuerda una experiencia que tuvo cuando escribió su primera novela y su ego, propio de adolescente, le hizo creer que era el mejor libro del mundo. Con este ímpeto envió el manuscrito a varias editoriales, en una de las cuales se encontró con Paco Porrúa, quien lo terminó citando para hablar acerca de su obra:
Me dijo que no debería tener prisa, que lo que tenía que hacer era trabajar, aprender, desarrollar, eso que dicen «encontrar tu propia voz». Un aspirante a escritor lo último que quiere escuchar es la verdad, sentido común o consejos bondadosos.
Así que lo que menos hay que tener es prisa. Esto no es lo mismo que tener desidia. Simplemente hay que centrarnos en que una obra no sólo quede tal cual la hayamos proyectado en nuestra mente, sino que refleje, además, nuestro mejor manejo de las palabras, sin importar el tiempo que nos lleve. Ir a nuestro ritmo, con exigencia pero sin prisa, en ese equilibrio de fuerzas que sostiene todo trabajo bien hecho.
8. La escritura es un camino que hay que recorrer en solitario con la fuerza de la ambición
Escribir es un oficio que se aprende, pero que nadie puede enseñar. El día que entienda usted lo que eso significa será cuando empiece a ser escritor.
El laberinto de los Espíritus, Carlos Ruiz Zafón (2016)
Antes que nada, la escritura es una actividad de autoexploración que nos sirve para explicarnos nuestras propias ideas, lo que pensamos acerca de nuestro entorno; para ejercitar nuestra creatividad y, en general, para dotar de palabras a nuestros pensamientos. Es en esencia un diálogo con nuestro interior y ese diálogo obviamente es íntimo. Esa intimidad es, o debería ser, infranqueable, por ello es normal que, al escribir, prioricemos la búsqueda del sosiego, del silencio, del aislamiento, para que nada ose interrumpir esa conversación que mantenemos de puertas para adentro.
Pero la soledad no hay que verla sólo en el sentido estricto de un aislamiento voluntario, sino también —y sobre todo— en un modo de aprendizaje autodidacta. La exploración de la escritura, la búsqueda de una voz literaria, es un trabajo que le concierne únicamente al escritor. Por supuesto que nos encontraremos con ciertas orientaciones en el camino (esta sección es una de ellas), pero es nuestra esencia, esa que se pule con el tiempo y la práctica, la que finalmente determinará el estilo que tendrá nuestra escritura.
Si has leído este artículo, en el que hablo acerca del bloqueo creativo, sabrás que, para liberarnos de él, sirve mucho el explorar otras expresiones artísticas.
Zafón lo tenía claro. Cada vez que se encontraba ante un escollo, dejaba respirar al texto y se embarcaba en otra de sus grandes pasiones, que era la música. A solas escribía partituras y las interpretaba, lo cual le permitía despejar la mente y volver al trabajo luego, más fresco, más despierto.
Es necesario que recurramos a estas actividades porque nadie más lo hará por nosotros.
«Escribir es esta lucha contra tus propias limitaciones. Hay procesos creativos en los cuales tú trabajas con un equipo, entonces lo que no soluciona uno, lo soluciona el otro. Cuando tú escribes, básicamente estás tú solo».
Y así como solo se empieza, solo se termina. El éxito final no es más que el fruto de la constancia que le hayamos puesto desde un inicio a nuestro trabajo. En otras palabras, para escribir hay que tener ganas de hacerlo. La fuerza de voluntad lo es todo.
El talento natural es como la fuerza de un atleta. Se puede nacer con más o menos facultades, pero nadie llega a ser un atleta sencillamente porque a nacido alto o fuerte o rápido. Lo que hace al atleta, o al artista, es el trabajo, el oficio y la técnica. (…) Toda obra de arte es agresiva. Y toda vida de artista es una pequeña o gran guerra, empezando con uno mismo y sus limitaciones. Para llegar a cualquier cosa que te propongas hace falta primero la ambición y luego el talento, el conocimiento y, finalmente, la oportunidad.
El Juego del Ángel, Carlos Ruiz Zafón (2008)
Se puede añadir en este apartado que la soledad hay que comprenderla también en el sentido de que la materia prima para escribir debe provenir de uno mismo, utilizar los recuerdos, las experiencias, nuestros gustos, inclinaciones y más elementos culturales que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida, porque en ellos tenemos un bagaje de recursos que nos podrán ayudar en la creación literaria.
Por ejemplo, el personaje de Julián Carax tiene una característica particular que es evidente que Zafón puso de sí mismo. En La Sombra del Viento, vemos lo que Nuria Monfort decía de él:
En una ocasión le pregunté en quién se inspiraba para crear sus personajes y me respondió que en nadie. Que todos sus personajes eran él mismo.
La Sombra del Viento, Carlos Ruiz Zafón (2001)
Digo que Zafón puso de sí mismo esa característica porque fue lo que declaró en varias entrevistas. En primer lugar, que Julián era una miniatura inspirada en él; en segundo, que los personajes que creaba ocupaban siempre una parte de sí, que a algunos los sentía más cercanos que otros pero que todos llevaban siempre su esencia, como cuando dijo que el personaje de Alicia Gris —que aparece en El laberinto de los espíritus— era su lado femenino.
Sin ir más lejos, la gran mayoría aquí en Substack solemos escribir ensayos personales. ¿Qué mejor que nuestra propia experiencia, nuestra visión del mundo, para nutrir nuestra escritura?
9. Hay una diferencia entre la actividad terapéutica y la profesión
Se escribe para uno mismo y se reescribe para los demás.
El Laberinto de los Espíritus, Carlos Ruiz Zafón (2016)
Muchos tienen su primer encuentro con la escritura por una necesidad terapéutica, pues encuentran en ella un modo de canalizar las emociones que les embargan y se vierten a modo de catarsis en poemas, textos introspectivos e incluso relatos. Eso es innegable. Zafón no es ajeno a esta realidad. «Todo lo que escribo lo hago primero para mí mismo», dice.
Sin embargo, el mundo de la escritura profesional está siempre a un nivel más allá, muchas veces ajeno a esa simpleza que los textos que uno escribe para sí mismo suelen tener. Lo profesional es eso: profesional. Y hay que ejercer técnica, disciplina y someternos a un ejercicio creativo constante para crear algo que no parezca escrito de forma improvisada.
Zafón lo explica así:
Lo que ocurre es que, cuando uno decide hacer una profesión de ello [la escritura], esa parte que podría ser terapéutica o de exploración, es sólo una parte; luego, uno tiene otra responsabilidad, de merecer el tiempo de los demás.
10. La atmósfera lo es todo
Si para ser escritor bastase con disponer de una historia que narrar todo el mundo sería novelista.
El Laberinto de los Espíritus, Carlos Ruiz Zafón (2016)
En campo narrativo y, específicamente en la novela, Carlos Ruiz Zafón resalta la importancia de crear una atmósfera adecuada para el buen desenvolvimiento de la trama.
Él dijo:
La creación del mundo en el que tú sitúas una historia, lo es todo. El significante está fundamentalmente condicionado por la forma y no por el fondo. Lo que cuenta no es lo que contamos, sino cómo lo contamos. La literatura, la narrativa, de lo que trata es cómo está elaborada, cómo está construida, cómo se trabaja el lenguaje, los recursos, el estilo, toda esta tramoya que sitúa y rodea la acción de la narración que estamos contando.
Esto puede ser bien aplicado también a la poesía. El fin de la poesía es la estética, la belleza del lenguaje, sí, y todo esto tiene que provocar una reacción emocional en el lector. Lograr eso requiere un buen manejo de palabras, el desenvolvimiento adecuado de aquellos versos escritos con dedicación y sobre todo una buena cadencia.
Zafón dice que lo mejor es envolver al lector de un modo sutil con lo que se escribe. Que si bien es verdad que hay complejidad en la escritura, esta complejidad no debe ser detectada por el lector, pues a él hay que hacerle disfrutar, que no cargue con el trabajo del autor:
El lector ha de leer como agua, le ha de parecer todo fácil… Pero para que sea así hay que trabajar mucho.
Me recuerda lo que don Basilio Moragas, subdirector del periódico donde trabajaba el protagonista de El Juego del Ángel, le dice a nuestro David Martín cuando le da la oportunidad de escribir un relato para el diario:
«Tráigame una historia que no haya leído antes y, si ya la he leído, tráigamela tan bien escrita y contada que no me dé ni cuenta».
Para complementar la idea, te recomiendo leer este artículo que escribí acerca de la originalidad, que tiene mucho que ver con esto.
Conclusiones
La senda del escritor es solitaria y requiere de una determinación firme para atravesarla. Hay que leer bastante, hay que escribir de igual forma porque la escritura sólo mejora escribiendo. Y, sobre todo, hay que hacerlo bien. Por nosotros, por quienes nos leen, por todos aquellos que vamos a inspirar.
No es un camino fácil como muchos quieren pintarlo, sino que es un camino que conlleva exigencia, esfuerzo, mucha perseverancia y ambición. Lo importante es tener paciencia y mejorar constantemente. Nada está lejos del alcance de quien se propone alcanzar metas y lucha por ellas.
Esta no ha sido una guía o una serie de consejos a seguir, al menos no escribí este artículo con esa intención. Cada escritor tiene su historia y la literatura sabrá ofrecerle a cada quien su propio bagaje de vivencias. Sí que espero que todas estas reflexiones puedan aportar en algo a quienes aspiran a convertirse en escritores o a quienes quieran dejar de sentir que el título les queda grande, como me pasó a mí.
Llevaba tiempo queriendo escribir algo así, era una deuda que tenía conmigo. Es mi forma —nimia pero sincera— de hacerle un honor personal al escritor que marcó mi vida significativamente con su novela El juego del ángel. Desde la primera vez que la leí he tenido la certeza de que, el día que logre escribir un libro la mitad de bueno que ese, ya podré morir en paz.
Y así, damas y caballeros, con este artículo oficializo mi regreso a Substack después de unas vacaciones que ya merecían terminar.
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Sin más, me despido por hoy. Te mando un abrazo desde este rincón del mundo.
Que estés muy bien.
Con cariño:
Puedes leer este artículo, en el que abordo mejor este tema.

















Heber, escribo esto antes de leerte. A mis 14 años una amiga sabiendo lo mucho que disfrutaba leer me regaló por mi cumpleaños el libro Marina, por eso de que así me llamo y que el libro cumplia la misma edad que yo, diciendo además que despúes de leerlo llegó a la conclusión de que "todas las Marinas están igual de locas que tú, definitivamente". Me faltan palabras para describir lo mucho que me impactó, el hecho de que se volvió por y para siempre mi favorito, que Carlos Ruiz Zafón se convirtió casi en una figura paterna para mí y que cuando logré en mi adultez vivir al fin en Barcelona (siendo yo de Venezuela) elegí precisamente vivir en el barrio de Sarriá. Este articulo apareció en mi Timeline, estoy segura de que lo voy a disfrutar muchisimo y a Carlos, bueno, un beso y mil gracias hasta el cielo, porque me entendió cuando nadie lo hacía.
Precioso artículo, mi Heber querido. Me encanta la redacción: muy bien cuidada. Se nota lo mucho que admiras y has estudiado a Zafón. Gracias por esta lectura. 💞