Carta 15. Retomando el blog
Nos volvemos a leer por fin
Después de meses desaparecido, estoy de regreso (o casi). Muchos son los que se han unido a esta comunidad en las últimas semanas, la mayoría provenientes de uno de los artículos más leídos de aquí: Eres escritor, no creador de contenido. ¡Sean todos bienvenidos a este espacio! Y muchas gracias por darme la oportunidad de aparecer en sus bandejas de entrada.
Quiero hablar brevemente acerca de esta newsletter, que me gusta llamar blog también: Hache de Silencio, en términos simples, es un lugar hecho con cariño para mis lectores, en el que entrego mi mejor versión: la que está hecha de palabras (soy mejor escribiendo que hablando). Aquí publico cartas personales (como esta), artículos para mis colegas escritores y, sobre todo, mis textos inéditos, los cuales se componen también por cartas (literarias), algunos relatos, reflexiones introspectivas y cualquier texto de mediana o gran extensión que tenga intencionalidad literaria. Creé este espacio hace casi tres años, compartiendo mis textos con lectores que provenían de mis otras redes sociales, por lo que me da mucho gusto poder llegar ahora a cada vez más lectores del mismo ecosistema de Substack. Después de tantas publicaciones, por fin estoy dejando de sentirme invisible en esta red social.
Aquí estoy de nuevo. Y por si alguien aún no me conoce: mi nombre es Heber Sánchez, soy de Chiclayo, Perú, y además de escritor, soy editor.
A riesgo de que esto suene como publicidad, aprovecho para comentar que, si alguien está pensando en publicar un libro, tal vez le interese echarle un vistazo a nuestros servicios de edición en Sexta Fórmula.
En el artículo que menciono al inicio de esta carta comentaba que, por desgracia, al ser escritores independientes, no podemos darnos el lujo de dedicarnos a la escritura a tiempo completo como nos gustaría. Además de cubrir gastos básicos, es normal que diversas circunstancias nos empujen a ir por caminos alternos, trabajos que nada tienen que ver con la escritura, ocupaciones que consumen ya no sólo nuestro tiempo, sino también nuestra energía. Ese es mi caso ahora. A veces el solo hecho de pensar en escribir resulta tedioso, pero para alguien amante de este arte y oficio, incluso en ese tedio existe un atisbo de placer: no hay nada mejor que sufrir por aquello que uno ama, porque ese sufrimiento puede ser un aliciente si lo comparamos con sufrir haciendo aquello que detestamos hacer.
Escribo todo esto para contarles que en estos meses me he dedicado a trabajar lejos de la comodidad de una vida entregada a las letras. Estoy en una ciudad que no es la mía, rodeado —eso sí— de personas maravillosas que hacen que el horario tan extendido del trabajo resulte llevadero. Salvo algunos fragmentos, no he leído ningún libro en estos meses, aunque para no perder el hábito, he estado sumergiéndome en artículos que he encontrado aquí y en otros lugares a los que estoy suscrito. Incluso estuve a punto de viajar a otro país. Si no fuera por unos pendientes que tengo aún aquí, estaría escribiendo estas palabras desde Argentina. La vida ha sido amable, a pesar de todo. No puedo quejarme de haber experimentado cosas nuevas, de aprender otros oficios, viajar y sentir esa libertad que sólo una vida independiente puede otorgar —con todas sus responsabilidades, desde luego—.
He estado releyendo algunos borradores de nuevos artículos que publicaré en Desde el oficio, la sección que actualizaré primero, ya que la mayoría de los nuevos suscriptores que han llegado provienen de los artículos que he publicado ahí. También he anotado ideas sueltas para futuras cartas y textos inéditos, que son el corazón de este blog. En definitiva, tengo una buena cantidad de material guardado, y lo que me queda es dedicarme a darle forma.
Por lo pronto, quiero que sepan que, hace unos años, publiqué un artículo para Sexta Fórmula (por entonces el blog estaba alojado en WordPress) que trataba acerca de las reflexiones en torno a la escritura que dejó Carlos Ruiz Zafón, que es de mis escritores predilectos. La distancia del tiempo me ha permitido releerlo con ojo crítico y pulir mejor el artículo para publicarlo nuevamente, esta vez aquí, en Hache de Silencio. Así que ese será el próximo artículo para la sección Desde el oficio que podrán leer pronto.
No prometo estar tan activo como antes, ya que las nuevas responsabilidades que tengo siguen reclamando mi atención, y lo que estoy escribiendo ahora mismo, de hecho, he logrado hacerlo aprovechando recovecos de tiempo libre en la ajustada rutina que llevo. Pero sí quiero que sepan que, esta vez, quiero publicar sin prisa, sin la presión del calendario, porque como he dicho en más de una ocasión, me gusta trabajar bien cada texto antes de compartirlo. Es mi forma de respetar y merecer el tiempo que van a dedicar a leerme.
Durante estos meses, también, he aprendido mucho, y desaprendido. He compartido tiempo con las personas que me importan, he experimentado ese sabor agridulce de una libertad cargada de responsabilidades, y me he replanteado ideas, he cuestionado mis conocimientos, me he llenado de más dudas y he atesorado, con más ahínco, aquellas pequeñas certezas sobre las que cimiento mis convicciones. Me gustaría hablar con calma de cada uno de esos temas, ya que son muy personales, pero al mismo tiempo me han permitido amar un poco más la vida, profundizarla y comprenderla, y creo que a alguien podría hacerle bien leerlos.
Mientras tanto, sigo aquí, a pesar de las circunstancias, a pesar de todo, existiendo, aprendiendo a vivir, a aceptar esa constante correspondencia entre mis luces y mis sombras, que me resulta encantadora y extraña al mismo tiempo. Sigo amando la soledad, la oscuridad y el silencio, pero también me he permitido experimentar con menos aversión cada una de sus contrapartes: la compañía sincera, las luces de distintos colores, las voces conocidas y anónimas, los cantos, la música de las ideas ajenas, el entorno en el que me desenvuelvo más como turista que como residente.
Y antes de que dé rienda suelta a mis pensamientos vertiginosos, quiero detenerme aquí y dirigirme a ti, que estás leyendo esto:
¿Desde dónde me lees? ¿Cómo te trata la vida? ¿Qué has aprendido últimamente? ¿Qué has desaprendido?
Me gustaría que entablemos una conversación en la sección de comentarios. Hace tiempo que no tengo el gusto de hablar con personas más allá de mi entorno inmediato, y ya va siendo hora.
¡Nos leemos!





Bienvenido de nuevo por aquí, Heber. Qué bonito leerte otra vez. Se te echaba de menos.
Veo que estos meses estuviste viviendo, descubriendo, aprendiendo... Seguro que nos traerás magníficas historias y tu gran conocimiento de este oficio rezumante de sensibilidad.
Yo seguí escribiendo mis Cartas desde París y me entretuve también en vivir.
Un fuerte abrazo,
Irene
Bienvenido de nuevo por aquí, Heber. Qué bonito leerte otra vez. Se te echaba de menos.
Veo que estos meses estuviste viviendo, descubriendo, aprendiendo... Seguro que nos traerás magníficas historias y tu gran conocimiento de este oficio rezumante de sensibilidad.
Yo seguí escribiendo mis Cartas desde París y me entretuve también en vivir.
Un fuerte abrazo,
Irene