Hola, lectores.
Originalmente, esta iba a ser una colaboración. La estaba escribiendo junto a una escritora que me gusta mucho, cuyo nombre no voy a mencionar por discreción. En vista, sin embargo, de que hemos perdido la comunicación, decido publicar mi parte tal como la he concebido. Espero que sea de su agrado.
Querida:
He despertado con tu mensaje esperando mi primer vistazo del día al móvil. Me he perdido en tus sentimientos, en tus inquietudes, en tus párrafos. Te he imaginado desvelándote, así que es de suponer que, mientras leía tu carta, has estado recuperando las horas de sueño que rehuyeron de ti durante la noche.
Hay tanto que decir que las ideas se dispersan. Es en estos momentos cuando me doy cuenta de que una página en blanco siempre será mi mayor desafío si se trata de sincerarme. Tú, que siempre has sido más abierta con tus sentimientos, sabes lo mucho que me cuesta ahora congeniar con mi lado romántico. Hay cosas en mí que aprendí a odiar cuando comencé a conocerte más de cerca, cuando, hace ya tiempo, decidiste que lo que sentías por mí no iba a seguir siendo un secreto, y me confesaste que me amabas. Ahora que he ganado contigo, no sé qué paso dar más allá de la duda. Y eso es lo que odio.
Estoy tan acostumbrado a perder que cuando alguien dice que me ama sólo se me ocurre firmar un empate. No sé qué hacer cuando el sentimiento es mutuo, no sé mirar más allá de las derrotas. Nunca he sabido lo que se siente que alguien quiera arriesgarlo todo por verme feliz, nunca he sido de los que miran al público desde el podio de los ganadores. Mi lugar siempre estuvo a la sombra de la tribuna, soñando con que yo también podría algún día alcanzar esa gloria que hasta ahora sólo he conocido entre canciones y películas. El amor y yo nunca nos hemos visto ni siquiera de reojo, y perdóname si te confundo con mis ires y venires. Comprenderás que la condena del forastero sentimental consiste en ser incapaz de sentirse en casa incluso dentro del corazón que tiene la intención de albergarlo.
Al final, mi confusión terminó por complicarnos la existencia. A distancia no se puede ver la naturaleza de las cosas, y quizá por eso dudo, porque temo llegar a quererte como me quieres para que, cuando me conozcas en persona, decidas que prefieres mi versión digital de foto tras la pantalla y de voz sólo en las notas.
Lamento dolerte, lamento que mi nombre te signifique una carga, lamento no ser más valiente, no tener más que entregarte. Los mensajes nos acercan, pero los kilómetros son capaces de desdibujar las intenciones. Yo te quiero, lo sé porque no me he sentido así con nadie, pero también es verdad que no consigo firmar un tratado de paz con mis recuerdos. El tiempo me ha enseñado que no somos dueños de nuestro pasado, sino al contrario: que es el pasado quien, muchas veces, teje los senderos por los que transitamos.
Por eso he intentado alejarme, pero no ha funcionado. Perdona por condenarnos a este péndulo emocional. Perdona por no saber lidiar con mis tormentas. Hay algo en mi alma que tiene miedo de salir a flote con cada expresión de cariño que me dedicas, con cada foto que me envías, con cada nota de voz que, aunque no lo sepas, me acompaña en bucle durante largos ratos del día. Y ese algo te reclama cada vez que me alejo. Por eso regreso. Por eso te duelo, y no es que busque hacerlo. Supongo que es el efecto colateral de estar confundido, porque cómo quisiera que el amor fuera más simple.
No sé si sea sensato de tu parte seguir queriendo a este desastre de persona que soy, a pesar de todo. Si te di muestras de cariño, fue porque sentí que tú merecías todo el amor que todavía tengo en el alma, y porque algo tan bonito como la poesía no debe permanecer con alguien como yo, por eso te lo entregué todo. Y no me arrepiento.
No borraré lo que tuvimos, ni lo que tenemos. Creo que aunque el miedo me dé razones para huir cada vez que me veo enlazado a un futuro, siempre voy a ceder a la posibilidad de tenerte en mi vida. Eres una mujer a la que me da miedo perder. Así que perdona, nuevamente, por esta nueva incertidumbre. Pero yo también te amo, aunque no sepa cómo amarte a tu manera.
:'(
Pareciera que relatas lo que estoy viviendo. Muy lindo texto pero a la vez triste… me llegó al alma como no tienes una idea.